Por qué el café sabe peor en el avión (y qué dice eso de tu taza)

Todo el mundo está de acuerdo en que el café de avión es malo, y la explicación habitual es que la compañía compra café barato. Puede que también. Pero aunque sirvieran un café excelente, a diez mil metros seguiría sabiendo peor — y por razones que dicen bastante sobre cómo funciona tu taza en tierra.

Primero: el agua no hierve

La cabina de un avión no está presurizada al nivel del mar. Se mantiene a una presión equivalente a estar en una montaña de unos 1.800 a 2.400 metros. Es un compromiso: presurizar más obligaría a un fuselaje mucho más reforzado.

Y a esa altitud, como a cualquier otra, el agua hierve antes. A la presión de cabina, el agua rompe a hervir alrededor de los 90-93 °C, no a 100. Que es justo el límite inferior del rango en el que se extrae bien el café.

Resultado: ese café está subextraído antes de servirse. El agua no llegó a la temperatura que necesitaba y se quedó corta, sacando sobre todo lo ácido. Es exactamente el mismo fenómeno que hace que tu café sepa raro en un puerto de montaña.

Segundo: tu nariz no funciona

Lo que llamamos sabor es, en buena parte, olfato. La lengua distingue unas pocas cosas básicas; todo el matiz —los cítricos, el chocolate, lo floral— lo pone la nariz por vía retronasal, cuando los aromas suben desde la boca.

El aire de cabina es extremadamente seco, con una humedad relativa que suele quedar muy por debajo de la de cualquier ambiente habitado. La mucosa nasal se reseca y detecta peor los compuestos volátiles. Los estudios sobre percepción en cabina apuntan a una pérdida considerable de sensibilidad olfativa; la cifra exacta varía según el trabajo, pero la dirección es siempre la misma.

Así que además de un café subextraído, tienes un detector averiado.

Tercero: el ruido

Esta es la parte más curiosa. Hay investigación sobre cómo el ruido de fondo intenso cambia lo que percibimos al comer, y el patrón que se repite es que el ruido apaga la percepción de dulzor y realza el umami.

Es la explicación que más se cita para un fenómeno conocido en el sector: el zumo de tomate se pide en avión mucho más de lo que se pide en tierra. Con el ruido de cabina sabe mejor de lo que sabría en tu cocina.

Para el café, la misma mecánica juega en contra: la dulzura natural del café bien extraído es lo primero que el ruido se lleva por delante, y queda el amargor desnudo.

Súmalo todo

Factor Qué provoca
Presión de cabina El agua hierve a 90-93 °C: extracción corta
Aire seco Olfato mermado: menos matices
Ruido de fondo Menos dulzor percibido: más amargor
El café en sí Rara vez es bueno de partida

No es una conspiración. Es que ese entorno es, casi punto por punto, el peor sitio posible para tomar café.

Lo que esto te enseña de tu taza en tierra

Aquí está lo útil de todo esto. Las tres causas son variables que también tienes en casa, solo que menos extremas:

  • Temperatura: si tu café sale flojo y ácido, sospecha de la temperatura antes que del café.
  • Olfato: con congestión nasal notarás menos. No es tu café el que ha cambiado esta semana.
  • Entorno: el mismo café sabe distinto en una cocina en silencio que en una terraza con tráfico. No es sugestión; es percepción.

Parte de lo que hace bueno a un café no está en el café: un sitio tranquilo, al aire libre y con el agua a la temperatura correcta le gana a una cocina perfecta a la que llegas con prisa.

Si te toca volar

Poco puedes hacer con la presión o el ruido, pero la sequedad sí se combate: bebe agua durante el vuelo. Un olfato menos reseco nota más. Y si el vuelo tiene escala larga, ese es el momento de tu propio café, ya en tierra y a presión normal.

Más rarezas del café, una cada dos semanas.

Suscribirme
Regresar al blog